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Ser hijos perfectos

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JesusMisericordia

LUNES: SER OTRO CRISTO UNO CON EL PADRE.

 

Por Cristo, con Él y en Él, con la fuerza y guía del Espíritu, logra la realización plena del proyecto o ideal de Dios sobre el hombre, al crearlo a su imagen y semejanza, (Gn. 1, 26). Porque en el conocimiento vivencial del amor de Cristo, al que seguimos, nos vamos llenando hasta la total plenitud de Dios, (Ef. 3, 14-19).

 

Esta plenitud de Dios en el hombre, por la que queda divinizado, formando Uno con el mismo Dios, constituye ya el supremo ideal, dignidad y honor que puede Dios conferir a la criatura humana. Le hace realmente Dios en participación y también verdadero hijo suyo y coheredero de Cristo. Fue siempre la expresión ilusionada de Jesús, y su determinada intencionalidad en toda su vida mortal y en su diario Sacrificio Eucarístico entre nosotros. Así lo suplica en su ardiente oración sacerdotal al Padre: "Como tú, Padre, me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me consagro a mí mismo para que también ellos sean consagrados en la verdad. No ruego sólo por éstos sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros... yo en ellos y tú en mí" (Jn. 17, 18-21. 23).

 

Quiere quedar Jesús inseparablemente unido al hombre elevándolo a contemplar con Él su gloria. Y pide igualmente al Padre que permanezca en nosotros junto con Él. "Yo, Padre, les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer para que el Amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos" (Jn. 17, 26).

 

Ahí se expresa el gran sacramento en función del cual están los demás sacramentos de la iglesia. Lo dice S. Pablo del sacramento de Cristo con la iglesia, con la Persona fiel a su consagración al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Es lo que el mismo Cristo había ya preanunciado: "Yo pediré al Padre y os dará el Espíritu de la verdad para que esté siempre con vosotros, No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros... aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros (Jn. 14, 16-20).

 

 

MARTES: SER OTRO CRISTO CONVIVIENDO EL REINO

 

Nuestra misión, pues, la misma de Jesús, será convivir en nosotros mismos el Reino de Dios, la convivencia con el Amor de Dios Uno y Trino en nosotros, (Lc. 17, 21). Y revelarlo, propagarlo como el mismo Cristo. Lo que anunció Jesús a sus primeros discípulos: "No queráis temer pequeña grey, porque le ha parecido bien al Padre daros a vosotros el Reino” (Lc. 12, 32).

 

Es llamado, pues, el bautizado, hijo de Dios, a ser sacramento de Cristo y con Él y por Él, de nuestro Dios, de la Trinidad presente en nosotros. No cabe mayor prueba de estima, distinción y honor por parte de Dios para con el hombre.

 

El hombre es llamado a ocupar la misión del mismo Cristo con su misma riqueza, poder y responsabilidad. Así en distintas ocasiones lo había anunciado Jesús a sus discípulos con el máximo interés de que fueran su relevo al vivo en su carne y sangre, con sus mismos poderes, efectos y eficacia: "En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago y hará mayores aún" (Jn 14, 12)

 

Esta es la esencia, la realización suprema e intencionalidad de nuestra consagración, vocación y misión misionera: ser Cristo en su ser y misión enviado por el Padre. En realidad esta acta de sucesión, de relevo del mismo Jesús por el discípulo que le siguió más de cerca, en su mayor prueba de amor, junto a la cruz, se selló en sangre, a presencia y con la ayuda y compañía, siempre fiel, de María.

 

Ella continuaría su Maternidad divina, como Madre de la iglesia y de todo el Cuerpo de Cristo, así como Mamá querida de cada uno de los miembros de Cristo. Muy especialmente sería ya para siempre, en toda la Historia de Salvación, la Mamá Compañera y Confidente excepcional, por todos los que íbamos a ser humanidad de añadidura, de recambio, continuidad y Relevo de Jesús.

 

 

MIÉRCOLES: SER OTRO CRISTO REPRODUCIÉNDOLE FIELMENTE.

 

Reproducir a Cristo -ser otro Cristo-significa, pues, que el Hijo de Dios, en Jesús de Nazaret, continúe los misterios de su vida mortal en la condición y realidad personal, viviente, de cabeza, pastor y esposo de su iglesia; que el mismo Cristo actualice su Historia de Salvación a través de nuestro ser íntegramente entregado y consagrado con Él y como Él a la Trinidad Santísima por manos de María -Madre de la Iglesia- de Cristo cabeza y de todos y cada uno de sus miembros.

 

Y que en virtud, gracia y responsabilidad, consciente, libre y voluntariamente, seamos repetición, actualización al vivo, personal, real y verdaderamente del Jesús histórico de Nazaret, de Belén y del Calvario, así como también Cabeza del Cristo de la fe.

Para ello el mismo Cristo nos entrega los poderes que a Él confirió el Padre, pudiendo decir: Cristo y yo somos uno, como expresó Él con respecto a su Padre del cielo: Yo y el Padre somos uno. Quien me ve a mí ve al Padre, (Jn. 10, 30; 14, 9)

 

Reproducir a Cristo implica, pues, y requiere que mi mente ceda el lugar y sea totalmente cambiada y sustituida por la mente de Cristo, (1Cor. 2, 16); que mis sentimientos sean sustituidos por los sentimientos de Cristo, (Flp. 2, 5); y que todo mi querer, mi voluntad, todo mi Amor, sea sustituido para siempre por el mismo Amor de Cristo, (Jn. 13, 34); y vivir y actuar como Cristo, (Jn 2, 6); (Jn 20, 21).

 

Así todos los que de verdad nos sabemos y sentimos cristianos- otros cristos, debemos poder exclamar como el Apóstol Pablo: "Con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí, la vida que vivo al presente en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal. 2, 19-20)

 

 

JUEVES: SER OTRO CRISTO EN SU MISMA MISIÓN.

 

Relevo de Cristo, en función de su misma misión a tiempo completo, conforme al desempeño; y con el mismo poder que a Él le confió el Padre: "La gente le andaba buscando y llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero él les dijo: “También en otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado”. “Él iba predicando por las sinagogas de Judea, por todo el mundo conocido" (Lc. 4, 42-44.)

 

Es la misión que pedirá al Padre para sus discípulos: "No te pido que los retires del mundo sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo, santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo para que ellos también sean santificados en la verdad". Y ruega Jesús no sólo por ellos sino por los que, sin demora, le van a suceder: "No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú Padre en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn. 17, 15-21).

 

La unión, el Reino, es el único signo y sello de credibilidad. Por esto la misión de predicar el Reino constituirá el Mandato supremo de Jesús a sus discípulos: La predicación del Reino, y con su mismo poder: como El Padre me envió yo os envío. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu santo, (Jn. 20, 21-22.)

 

Al final de su misión que iba a transmitir y entregar a sus discípulos empieza así su oración al Padre: "alzando sus ojos al cielo dijo: Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre todo hombre, dé también vida eterna a todos los que tú les has dado, (Jn. 17, 1-2.)

 

 

VIERNES: SER OTRO CRISTO CONSAGRADOS EN EXCLUSIVIDAD.

 

Y así Jesús, con el mismo poder que el Padre le dio a Él, transmite a sus apóstoles su misma misión: En la despedida a sus discípulos, Jesús se acercó a ellos y les habló así: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y la tierra: Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 16-20).

 

Ser, pues, otro Cristo, reproducir a Cristo, significa e implica que yo consagre a Él todo mi ser, a fin de que Él visible, audible, palpablemente siga su misión de predicar la Buena Nueva del Reino: Piense en mí y por mí, hable, ame, viva en mí y por mí su misma vida mortal, a su mismo estilo y realidad viviente, todo amor, siempre amor, sólo amor, el Amor mismo del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, presentes en mi ser, en mi carne y sangre, en mi propio cuerpo.

 

A mi Dios plena y totalmente consagrado, sólo a Él en exclusiva y a tiempo completo dedicado, desempeñando única y exclusivamente la misión del Señor, manifestando, revelando y entregando a Dios a todas las gentes, convenciéndolas a vivir por cristo, con Él y en Él su misma misión.

 

SÁBADO: SER OTRO CRISTO DE LA MANO DE MARÍA

 

Así nos lo asegura el mismo Jesús, a cuantos le damos un sí, como nuestra Mamá María, por Ella, en Ella y con Ella, para vivir la misma vida de Jesús desempeñando su misma misión: "Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado" (Mt. 10, 40.)

 

"Quien a vosotros escucha a mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado", (Lc. 10, 16). Esta es pues la razón e intencionalidad del Bautismo y Confirmación del cristiano. Este es el fin para el que Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, y le constituye verdadero hijo y heredero suyo. Y esta es la intencionalidad e ilusión de Jesús en su Encarnación -vida y muerte, y de su permanencia en la Santísima Eucaristía. Por esto nos da en testamento último a su misma Madre: "Para que reprodujéramos la imagen de su Hijo" (Rom 8, 29.). De ahí el interés de los fieles seguidores de Jesús de no querer saber más que Cristo y éste crucificado. Y de no buscar ya más gloria que la Cruz de Cristo, para que con Él y como Él; y en Él nosotros podamos dar al Padre la máxima glorificación. "Acompáñame María con tu entrañable Amor de Madre... "

 

María nos irá acompañando con su serenidad y firmeza, hasta la mayor prueba de amor del Calvario, y hasta el mismo extremo del amor de Cristo en la Sagrada Eucaristía. Día a día seremos testigos del mismo Cristo -otros Cristos- mártires diarios, mientras, humildes y puros de corazón iremos avanzando siempre de la mano de María, la Mamá querida de todos.

 

Ayúdanos a saber reproducir a Jesús, para que con Él, nos sintamos y sepamos, ser hijos tuyos cada día más semejantes a Jesús, imagen fidelísima del Padre.

 

 

DOMINGO: SER HIJO PERFECTO.

 

Jesús-Dios verdadero y Hombre verdadero, vino a revelar y a entregarnos al Padre, la Vida-Amor de Dios, la Naturaleza divina, la identidad del mismo Dios que en Él, en Jesús, estaba. Porque en Él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente, y vosotros "alcanzáis la plenitud en Él, que es la cabeza de todo Principado y de toda Potestad" (Col. 2, 9-10).

 

Pero también Cristo vino a revelar al Hombre, creado según Dios, en su imagen perfectísima, uniendo en uno la Divinidad con la humanidad. Para que todos nosotros lleguemos, todos y cada uno, a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo... y siendo sinceros en el Amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo. Y siguiéndole a Él, "nos despojamos, en cuanto a nuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo las seducciones de la concupiscencia, para renovar el espíritu de nuestra mente y revestirnos del Hombre Nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Ef. 4, 13-15, 21-24).

 

Y en este Cristo, en el que reside la plenitud de la Divinidad y la plenitud perfectísima de la humanidad, Dios y hombre y que es la imagen perfectísima de Dios invisible, "quiso Dios elegirnos a los hombres conforme a este Cristo antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor. Y en Él, en Cristo, nos eligió de antemano para ser sus hijos adoptivos, por medio del mismo Jesucristo. Tal fue el beneplácito de la voluntad de nuestro Dios para alabanza de su gracia" (Ef. 1, 4-6). Es la alabanza, honor y gloria que tributamos explícitamente con la mayor solemnidad a la Trinidad Santísima, a Nuestro Dios uno y Trino, en la Santa Misa todos los días, al cantar: "Por Cristo, con Él y en El, a ti, Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos".

Actualizado ( Domingo, 03 de Julio de 2011 20:22 )