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Les daré un Corazón Nuevo

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LUNES: UN CORAZÓN DE PASTOR.

 La invitación que nos hace Jesús en esta cuaresma, es permitirle obrar en cada uno de nosotros un trasplante de corazón.  Como bien dijere Él mismo “no es lo que viene de fuera lo que daña al hombre, sino lo que sale de su interior” (Lc 6, 43). En este tiempo de la cuaresma: ¿Cómo está tu corazón? Dame hijo mío tu corazón (Prov 4, 23), permíteme trasplantarte un corazón nuevo, que esté en capacidad de manifestar el amor que le tengo a cada uno de tus hermanos.

Venimos meditando a lo largo de este mes, la llamada del Señor, a asumir su misión y las actitudes necesarias para que el apóstol ejerza su ministerio. Pero esas actitudes brotan de un corazón misionero, un corazón de padre y madre, un corazón de PASTOR.

Concluyamos este ciclo de oración sobre la misión y empalmemos nuestra experiencia con la cuaresma, tiempo privilegiado de conversión, escuchando la promesa que el Señor hace a su pueblo: “Les daré un corazón nuevo, y les infundiré un espíritu nuevo, arrancaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne” (Ez 36, 24-27).

Renuévanos Señor Jesús, para que nuestro corazón, sea cada vez más reflejo claro del tuyo: Que se preocupa por la oveja descarriada y va en su busca, que se compadece de la herida, que alimenta a la que está desnutrida, y vive en función de aquellos que le son confiados para que puedan crecer en la fe, en el amor y en la esperanza (Is 40, 11; Ez 34, 11-ss).

Tú, mejor que nosotros sabes que necesitamos conversión ¡Danos tu corazón de pastor, de modo que podamos vivir la misión que nos confías con la misma delicadeza y responsabilidad que tú .

 

MARTES: UN CORAZÓN DE HERMANO.

 El profeta Joel coloca en boca de Dios una llamada muy tajante para nosotros, su pueblo: “¡Vuélvanse a mí, de todo corazón... rásguense el corazón, no las vestiduras!” (Jl 2, 12). Volvamos el corazón al que es su dueño, su hacedor, y volvámoslo por entero, no a medias.

Para vivir nuestro ministerio como pastores a los que se les confía la vida eterna de los demás (hijos, familiares, amigos...), el corazón ha de estar, “vuelto hacia Dios”. Sólo Él, nos puede regalar un corazón de HERMANO, que se ocupe de los demás. Estamos tan habituados a vivir con un corazón de “hijo único”, que reclama, que exige, que se queja... pero tan poco dispuesto a dar, a colaborar, a cargar sobre la espalda el peso de la vida de los hermanos.

¡No! ¡No estamos muy dispuestos! Por eso, ya en medio de este tiempo litúrgico de cuaresma, el Señor Jesús nos invita a caminar con Él ¿Quieres prepararte para subir conmigo a Jerusalén? (Lc 16, 11; Lc 19, 28). ¿Quieres prepararte paso a paso, para asumir en tu vida mi Pascua, mi entrega? ¡Déjame poner en ti, un corazón de hermano, un corazón solidario, un corazón que deja de ser el centro de sus preocupaciones y se abre a aquellos hermanos que le rodean!

Un corazón de hermano que valora lo recibido y no mantiene una “queja” a flor de piel, que reconoce que necesita poner de su parte para que la familia avance. Esta familia que somos como comunidad, como Iglesia, como humanidad. Señor, ¡regálame un corazón abierto a ti, el Hermano de todos, porque sólo entonces seré misionero. Cuando el dolor de mi hermano no me resbale, sino que me compadezca de él...entonces estrenaré un corazón de hermano (Lc10, 30-37).

 

MIÉRCOLES: UN CORAZÓN QUE SE CONVIERTE.

La iglesia nos invita a vivir la cuaresma con esa llamada a la  CONVERSIÓN, con esta llamada comienza también el Evangelio. Siempre que empezamos un camino tenemos que prepararnos y dejar atrás muchas cosas, ligero de equipaje como dicen estos versos. “no metas en las alforjas, lo que no vayas a usar. Son más largos los caminos para el que va cargado de más”  (Lc10, 4).

Para llegar a la meta del camino, que es la Pascua de Jesús muchas son las cosas que nos sobran y muchas son también las que nos faltan. Vamos cargados de más con nuestro consumismo a cuestas, con nuestras preocupaciones y con nuestras ambiciones. Pero nos falta la luz para ver con claridad el camino. Nos falta decisión, esfuerzo, perseverancia y nos falta sentido de amistad, de compromiso con los demás (Mt 11, 25-28).

Ahora es el tiempo favorable, ahora es   el día de la salvación (II Co 6, 2), si es así tenemos que aprovechar, no es tiempo de rebajas, la gracia nunca es barata, ha costado el precio de la sangre de Cristo. (I Pe 1, 18-19).

La gracia de salvación es preciosa, pero se nos regala, siempre que la valoremos, la deseemos, la pidamos y la hagamos fructificar. Por eso, este es tiempo de oración y de compromiso para crear actitudes fuertes, porque no es una valoración, una oración, un deseo cualquiera, aprendamos con el salmista cantar: “Tu gracia vale más que la vida” (Sal 62, 4), más que el dinero, más que el bienestar, más que amistades, familia etc. Porque si tengo su gracia valoraré en su justo lugar a las personas, a las cosas...

Pidámosle a Jesús que esta cuaresma sea para nosotros este camino de purificación para que podamos vivir La Pascua de Resurrección con Él.

 

JUEVES: UN CORAZÓN QUE SE ADHIERE A CRISTO. 

La celebración de la cuaresma. Tiempo de conversión y reconciliación para  renovar la propia adhesión a Cristo y anunciar con renovado ardor  su  misterio de salvación. La cuaresma nos ayuda a penetrar con mayor profundidad en este Misterio escondido desde siglos (Ef 3, 9). Nos lleva a confrontarnos con la Palabra de Dios viva y nos pide renunciar al propio egoísmo para acoger la acción Salvífica del Espíritu Santo.

El paso de Dios llega hasta nuestra realidad y nos transforma, nos hace querer ser discípulos de Cristo desde sus categorías: “Si alguno quiere ser mi discípulo olvídese de si mismo. Cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá pero el que pierda su vida por causa mía la salvará” (Lc 9, 22-25).

Nosotros estábamos muertos por el pecado  (Ef2,5) por eso, el Hijo de Dios quiso unirse  a la naturaleza humana y de este modo rescatarla de la esclavitud del pecado y de la muerte. Ante la oscuridad del pecado y ante la imposibilidad de que el hombre se libere por si solo de ellos, aparece en todo su esplendor la obra salvífica de Cristo.

Por eso, el Señor nos marca la libertad de nuestras opciones:”Miren les doy a elegir entre la vida y el bien  por un lado  y la muerte y el mal por el otro, si obedecen lo que hoy les ordeno  y aman al Señor su Dios  y siguen sus caminos y cumplen sus mandamientos vivirán” (Dt 30, 15-20).

Esta cuaresma, hagamos un alto en el camino, y preguntémonos: ¿hacia dónde estoy orientando mis opciones? ¿hacia la salvación de Cristo? ¿me voy adhiriendo más a Él? ¿o simplemente sigo adherido a la corriente de este mundo que pasa? (Rom12,1-2).

 

VIERNES: UN CORAZÓN QUE VIVE EL AYUNO DEL AMOR. 

“Cristo quiere venir a nosotros  y darnos a  probar su consuelo. Preparémosle una morada digna en nuestro interior, allí el se complace. San Pablo nos dice: “Dios los ama a ustedes y los ha escogido para que pertenezcan a su pueblo. Vivan pues, revestidos de verdadera compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Tengan paciencia unos con otros perdónense… sobre todo revístanse de amor en (Col 3,  12-15).

 Llenarnos del Amor que es Jesucristo de su vida, algo entrañable y muy vivo. Comenzar la cuaresma para unirnos a Cristo en la plenitud de la resurrección es para nosotros preparar en nuestra vida ordinaria un ambiente haciendo lo que nos capacitara para ser portadores de su mismo proyecto.

Desde siempre sabemos que este tiempo es preparación, ayuno, conversión.   Dios nos marca un camino, una manera diferente de concebir el ayuno y la forma de agradar a Dios, expresiones que no son pasajeras, ni temporales, ni tampoco meras prácticas externas,  sino que constituyen el núcleo de nuestra existencia como cristianos: Ayuna en el corazón, ayuna brindando y viviendo una calidad de amor. Eso es lo que te irá constituyendo como persona de Dios y en Dios. 

El profeta Isaías nos lo recuerda: “el ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia, desates los nudos que aprietan el yugo: en que dejes libres a los oprimidos, y acabes al fin con toda tiranía” (Is 58, 1-12).

No sólo son las estructuras sociales y económicas, las que propician opresión, tiranía... la injusticia se anida en el corazón del hombre, en donde está llamado cada uno a convertirse y permitir que el Amor de Cristo sea la norma de su vida ¡Señor conviértenos a Ti!

 

SÁBADO:   MARÍA ACOMPAÑA NUESTRA CONVERSIÓN DE CORAZÓN

El corazón del hombre no puede vivir sin dueño, cuando el corazón anda de ídolo en ídolo, de dependencia en dependencia, al final se siente vacío, desganado perdido y solo. El corazón duele cuando no lo llena quien es su medida.

Al corazón no se le puede mentir. No se le puede enmascarar.  Al corazón se le llega sin razones, sin manejos: Se llega por la intuición, y en este camino de cuaresma donde Jesús nos llama a esta conversión de corazón, Nuestra Madre nos acompaña como acompañó paso a paso  al hijo de sus entrañas que vivió este camino por amor a los hermanos, a los que el Padre le había confiado.

Hoy tenemos que creer que María también está dispuesta a caminar con nosotros, a realizar el proyecto que Dios nos ha confiado  para bien de toda la humanidad.  

Pongamos el corazón en manos de María que sabe, que sufre cuando alguien es maltratado, golpeado por una vida vivida sin corazón. Como dice San Pablo: ¡No nos engañemos! No  pretendamos dar a nuestros hermanos un amor de calidad sin antes recibirlo de aquel que es la fuente limpia, pura. Sólo así llegaremos a purificar nuestras intenciones. Nuestro corazón creado por Dios tiene su marca, su sello, su hechura y descubre que nada le satisface sino su mismo creador.

En México, la Basílica de Guadalupe están las palabras que le dijo nuestra Señora a San Juan Diego,  “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás por ventura en mi regazo?” Vivamos la cuaresma en el regazo de María, ella nos invita:“Hagan lo que el les diga” (Jn 2, 1-12). Poniendo nuestra fragilidad, nuestro agua para que Jesús lo transforme para la vida de los demás.

 

DOMINGO: LES DARÉ UN CORAZÓN NUEVO.

En este domingo de Cuaresma nos reconocernos enviados por Dios para la misión concreta darle vida a los que nos confía.  Evangelizar: vayan y hagan discípulos... como el Padre me envió así los envío yo.

La misión del Pastor no es cuidarse a si mismo, sino cuidar de las ovejas.  El pastor, no ha de vivir de las ovejas sino para las ovejas, tendrá que vivir pero no a costa de que las ovejas mueran.  Si es buen pastor, nunca sacrificará una oveja para defender su vida, sino que será capaz de sacrificar su vida para defender la oveja. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia… Yo les doy vida eterna” (Jn 10, 10-28).

¿Qué hace Jesús para que sus ovejas vivan?   Las defiende con valentía. Expulsa a los demonios que les oprimen. Se enfrenta a los mercenarios que se aprovechan de ellas. Quita las cargas que estos les imponen, se compara incluso a la gallina que defiende a sus polluelos: “Jerusalén, Jerusalén…cuántas veces he querido reunir a tus hijos como una gallina a su nidada bajo las alas, y no habéis querido (Lc 13, 34).

Las alimenta, las lleva a fuentes tranquilas y pone una mesa abundante ante ellas, como dice el Salmo 23. Jesús alimentó con  los panes multiplicados a la multitud, esto sólo era un signo de otros alimentos más sustanciosos: el de su Palabra, el de su propio cuerpo, para que su rebaño no muera de hambre. El pastor se ofrece a la vez en comida, es pasto y pastor. Se compadece, cura sus cuerpos y sobre todo su vida interior que es la que más deteriorada estaba por el pecado y la miseria. Jesús tiene corazón de BUEN PASTOR y nos lo quiere trasplantar.